Gritarlo todo

Hay veces que lo único que quieres y necesitas es gritar. Pero no hablo sólo de gritar en medio del campo o de la ciudad o de dónde sea hasta que se te rompa la voz y decir: coño, qué agusto.
No. Hablo de gritar pero diciendo algo. Y no al aire y que se quede ahí flotando, sino gritarlo para que cierta persona se entere de lo qué está haciendo y ver si así reacciona y para, porque sabes que o para o va a acabar muy mal. Y ya no es sólo porque no acabe mal esa persona si no porque no nos arrastre a los que estamos a su alrededor.
Y puede sonar egoísta, pero es la verdad, sólo quiero vivir tranquila y en paz, pero esta situación hace que al final vivamos siempre con el temor a recibir en cualquier momento esa llamada y no es justo porque no se da cuenta que no sólo él lo está pasando mal.
Ojalá poder gritarlo todo y por un momento sentirte algo más vacía, algo más ligera.

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Los robots del amanecer

Giskard se alejó, avanzando imperturbable bajo la lluvia. Los relámpagos estallaban casi continuamente y los truenos formaban un sordo gruñido que se elevaba en un crescendo cada pocos minutos.
Por primera vez en su vida, Baley sintió envidia de los robots. Se imaginó lo que sería poder caminar bajo aquel diluvio, ser indiferente al agua, a las imágenes, a los sonidos, ser capaz de hacer caso omiso de lo que le rodeaba y llevar una pseudo vida absolutamente valiente, y no conocer el miedo al dolor o a la muerte, pues el dolor y la muerte no existían.
Y, no obstante, ser incapaz de poseer originalidad de pensamiento, ser incapaz de tener destellos imprescindibles de intuición…
¿Valían estos dones el precio que la humanidad pagaba por ellos?


Baley volvió a cerrar los ojos y no hizo ningún esfuerzo para colaborar en el secado. Notó que le daban vueltas y vueltas bajo un chorro de aire caliente, y que le vestían otra vez con una especie de cálido batín.
¡Un lujo! No le había sucedido nada semejante desde que era un niño, y de pronto sintió lástima por los bebés, a quienes había que hacérselo todo y que no tenían suficiente conciencia de ello para disfrutarlo.
¿O sí la tenían? ¿Era acaso el recuerdo oculto de aquel lujo de la infancia un determinante de la conducta en la edad adulta? ¿Era quizá la sensación que ahora percibía una mera expresión del placer de ser otra vez un niño?
Además, había oído una voz de mujer. ¿Su madre?
No, eso era imposible.
– ¿Mamá?
Ahora estaba sentado en una butaca. Sintió, comprendió de algún modo, que aquel breve y feliz instante de infancia reencontrada estaba a punto de terminar. Tenía que volver al triste mundo adulto en que cada uno se cuidaba de sí mismo.

Los robots del amancer“, Isaac Asimov (escritor, 1920-1992)

Día Mundial Contra el Cáncer

No suelo escribir normalmente nada ni compartir nada en días como el de hoy, porque creo que por estas cosas no se consigue nada, pero no sé por qué hoy me estoy acordando de todo esto…

En el día de hoy sólo puedo acordarme de todo lo que pasé, de cómo por un momento pensé que podría quedarme totalmente sola en cuestión de segundos. Ver a tus padres pasando a la vez por la misma enfermedad, por un cáncer, no es nada fácil.

Mi padre no lo superó, en un mes se fue y todavía no me hago a la idea de que ya no esté…
Mi madre, lo superó. Para mi, mi madre es un ejemplo de lucha y superación enorme. Es la persona que más admiro. Superó al mismo tiempo su cáncer y la pérdida de su marido con unas fuerzas que ni ella misma sabía que tenía, y que todavía sigue demostrando tener para mucho rato.

Por eso, en mi caso, conozco ambas situaciones y lo único que puedo pedir en un día como el de hoy es que se siga investigando sobre todos los tipos de cáncer que existen y sobre todo que sigamos teniendo una sanidad pública y gratuita que nos garantice a todxs poder acceder a esos tratamientos para así tener todavía más posibilidades de superarlo.

Para las personas que están pasando por esta enfermedad, les envío fuerza y ánimo, pero también envío paciencia a las personas que están acompañándolas en este proceso, ya que muchas veces nos olvidamos de ellas y hay que hacerles sentir también que no están solxs. Porque os puedo asegurar que en momentos así te sientes especialmente sola…
Y para lxs que ya no están con nosotrxs, no os olvidamos, siempre estaréis ahí.

Bienvenido 2018

Hoy ya es el tercer día de este nuevo año, todavía no se han terminado ni las fiestas ni las comilonas que siempre se hacen en esta época.

El año que dejamos atrás, ese año 2017, sin duda, es un año que aunque no hayan sido las peores cosas que me han pasado, sí me han ocurrido más cosas malas que buenas, o al menos son las que más recuerdo.
Quizá porque una de las peores fue a finales de año, unos días antes de que fuera Navidad; y es que perder a un ser querido nunca es fácil pero cuando es tan cerca de estas fechas se lleva peor y además hace recordar al resto de seres queridos que has perdido anteriormente.

Estas Navidades pasadas y esta Nochevieja han sido bastante raras.
Raras porque aunque buscaba estar bien y contenta, y por un lado lo conseguía, por otro no hacía más que acordarme de la gente que ya no está, sobre todo me acordaba de mi padre y sobre todo en Nochevieja, día de mi cumpleaños y que le recordé muchísimo ese día y le eché muchísimo de menos; y eso me hacía sentirme también “culpable“, por estar sonriendo y riendo cuando debería estar triste, no sé, quizá todavía no he llegado a superar del todo la muerte de mi padre, es más, creo que es algo que no se supera nunca, sólo se aprende a convivir con ello, con la situación, con la ausencia.

Estas fiestas no me están pareciendo como siempre, aparte de por el calor que hace cuando debería estar haciendo muchísimo frío, también es por el recuerdo.

Hoy ya es el tercer día de este nuevo año y sólo espero que traiga mejores cosas, buenos momentos y más alegría; no sólo para mi y mis seres queridos, si no para todxs.

Ese medio abrazo tuyo

Todos los días me acuerdo de ti y también te echo de menos, pero es verdad que en momentos como el de ahora, se te echa todavía más de menos.

Se te echa más de menos porque siempre estabas con tu sonrisa y tus bromas para hacernos reír pasara lo que pasara o con tu medio abrazo cuando estabas en la cocina haciendo la cena y me acercaba para ver qué hacías, aunque yo ya lo sabía, pero era reconfortante recibir ese abrazo tuyo que tanto echo en falta desde que te fuiste y que sé que siempre echaré en falta…

Sucker Punch

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El Parnaso de la Poesía

“¿Quién honra a quienes queremos con la vida que vivimos?
¿Quién envía monstruos para que nos maten y al mismo tiempo nos susurra que jamás moriremos?
¿Quién nos enseña qué es real y cómo reírnos de las mentiras?
¿Quién decide por qué vivimos y qué defenderemos con nuestra propia vida?
¿Quién nos encadena y quién tiene la llave que puede hacernos libres?
Eres TÚ. Tienes todas las armas que necesitas.
Ahora LUCHA.”

Vídeo:  Canal julumaga

Mi vida sin mi

Mi vida sin mi

Esta eres tú. Los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé cómo describirlo… como una de esas personas a las que les gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol, seguro que sabes de qué gente estoy hablando, o tal vez no… da igual… A ti te gusta estar así, desafiando el frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies. Y el olor. Y el sonido de la lluvia golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú… quién lo iba a decir.

Inicio de la película: “Mi vida sin mi” (2003) de Isabel Coixet (directora de cine, 1960)

Lucanator

Hoy en el metro he visto a un hombre leyendo: “El Conde Lucanor” (Don Juan Manuel) que son como muchas historias con sus moralejas.

A mi me lo mandaron leer cuando estaba en el colegio y hacer un trabajo sobre él, tendría unos 12-14 años o así. No me gustó nada, pero nada, le cambié el nombre por “Lucanator“, porque me parecía una tortura leerlo y un suplicio hacer el trabajo. Pero mi padre, el cuál se lo leyó entero (yo casi), me ayudó y entre los dos nos pusimos a hacer el trabajo, trabajo que nos tuvo hasta las 2 de la mañana escribiéndolo en el ordenador (primer ordenador que entraba en casa y que tenía sólo 3GB de memoria).
No recuerdo qué nota me pusieron en el trabajo, pero sí recuerdo esos momentos pasados con mi padre haciendo el trabajo y leyendo el libro, a él tampoco le gustó mucho la verdad. Es más, creo que a ningunx de mis compañerxs de clase les gustó el libro.


En definitiva, que gracias a ese hombre que iba leyéndolo en el metro me ha recordado ese momento, y aunque fue cansado por el hecho de tirarnos tantas horas haciendo un trabajo, es un recuerdo bonito que tengo junto a mi padre.

Adiós

Hay varias palabras que odio de nuestro vocabulario, pero sin duda la que más odio de todas ellas es: ADIÓS.

La respuesta al por qué es bien sencilla: para mi es como si a la persona que se lo dijeras no la fueras a volver a ver nunca más. Es una palabra que yo sólo concibo decir a esas personas que ya no van a estar a nuestro lado, o en un momento de enfado puede ser que se me escape, pero podría poner la mano en el fuego a que ni aún así sería capaz de decirla.

Toda la gente que me conoce sabe que cuando me despido de ellxs siempre utilizo estas otras expresiones: “hasta luego” o “hasta mañana“, que eso no quiere decir que sí o sí la vaya a ver, pero siempre se queda esa puerta abierta. Sin embargo, si dices “adiós”, es como si esa puerta la cerraras para siempre.

Por eso hay algo que nunca me ha gustado y es el hecho de enseñar a los niñxs pequeñxs a decir “adiós“, con lo fácil que es decir también “hola” o cambiar la expresión por otra que no parezca cerrar tantas puertas, al fin y al cabo el gesto que se hace es el mismo.

Sé que es simplemente una palabra, pero a mi me transmite tantos sentimientos tan negativos que intento por todos los medios no utilizarla en mi día a día.

La mayoría de la gente siempre utiliza esa palabra, y no voy a ser yo quién les diga que lo cambien por una de las otras expresiones, pero que no os extrañe si en algún momento os digo: “No digas ‘adiós’, mejor di ‘hasta luego’“.

Asesinos inocentes

El suicida no busca su propia muerte, si no la de aquello que le castiga; El peso de la vida es demasiado grande para algunas personas. Pero eso no nos hace responsables de sus actos, tenemos que buscar la verdad en cada uno de nosotros, porque para comprender a los demás debemos empezar por nosotros mismos.
Los existencialistas decían que vivir era inevitable. Y es que la vida no nos deja mientras nosotros luchemos por ella, por mucho que nos equivoquemos tenemos que seguir adelante. Cada persona es un mundo que quizá nunca comprendamos, pero si pensáramos menos con la mente y más con el corazón podremos perdona de inmediato y librarnos de esa absurda culpa que nos aparta de la vida. Porque, aunque nos sintamos solos, vivir es un juego de equipo.

Asesinos inocentes” (2015)